Neuropsicología Infantil y juvenil

Contenido

Definición

La neuropsicología es la rama de las neurociencias que estudia las relaciones entre la conducta y cerebro tanto en sujetos sanos, como en aquellos que presentan disfunciones y/o lesiones neurológicas.

La neuropsicología se centra en conocer los procesos cognitivos superiores, (atención, memoria y funciones ejecutivas), y en el estudio de los circuitos neuroanatómicos que están implicados en el comportamiento humano, así como las estructuras cerebrales corticales y subcorticales necesarias para el desarrollo de los procesos perceptivos, motores y de aprendizaje

El cerebro infantil, es un cerebro en desarrollo y se caracteriza por una mayor capacidad de recuperación y reorganización neurológica y funcional. Sin embargo, es más vulnerable a las influencias del entorno, que lo hacen más sensible a cualquier alteración. Por ello es de vital importancia que el proceso madurativo del sistema nervioso vaya acompañado de experiencias que estimulen los sentidos y el movimiento a través de las cuales el niño consigue aprender. 

Neuropsicología

Cada niño sigue su propio ritmo de desarrollo y este viene marcado por el grado de organización de su sistema nervioso. Por ejemplo, cuando un niño aprende a leer y escribir comienza a desarrollar la ruta fonológica, que le permite convertir las palabras en sonidos y viceversa. A través del aprendizaje, estos procesos se automatizan dando paso al desarrollo de funciones cognitivas superiores, denominadas funciones ejecutivas, tales como la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y la inhibición, éstas actúan como predictores del rendimiento académico y permiten la adaptación del niño/adolecentes a situaciones novedosas y a la variabilidad del entorno.

 

A pesar de lo que se ha pensando a lo largo de la historia, el cerebro adolescente muestra un alto grado de especificidad. Es en la etapa comprendida entre los 15 y los 25 años cuando se produce una reorganización masiva del mismo. Hacia el final de la adolescencia, tiene lugar un fenómeno conocido como “poda neuronal”, durante el mismo comienzan a atrofiarse las sinapsis (conexiones entre neuronas) menos utilizadas mientras que aquellas más utilizadas se fortalecen y mejoran. Por ello, la corteza cererbal se vuelve más fina pero también más eficiente. Entre los cambios que se producen en este periodo encontramos: el engrosamiento del cuerpo calloso (encargado de conectar ambos hemisferios y trasportar información valiosa), se fortalecen los vínculos entre el hipocampo (centro de memoria) y las áreas frontales (encargadas de establecer objetivos y planes de acción), lo que permite que el adolescente sea cada vez más capaz de integrar la memoria y la experiencia para tomar decisiones adecuadas.

En relación al comportamiento, sabemos que la adolescencia es una etapa especialmente sensible a buscar experiencias y sensaciones nuevas. Esto no significa que los adolescentes no reconozcan el peligro, si no que dan mayor valor a la recompensa, especialmente, si es de carácter social. Por ello, esta etapa es especialmente sensible para el desarrollo de una conducta adictiva (consumo de drogas o alcohol, adicción a videojuego, etc.). En la adolescencia, el cerebro es especialmente sensible a una sustancia denominada DOPAMINA (neurotransmisor implicado en distintas actividades: cognición, sueño, motivación, atención, humor y actividad motora). Cuando realizamos una actividad placentera (beber un vaso de agua en un día caluroso), se activa el sistema mesolímbico y se produce un aumento de dopamina creando una sensación de placer. La amígdala evalúa la recompensa (ese placer experimentado) y el hipocampo registra esa asociación (beber agua – sentir placer) es entonces cuando la corteza prefrontal procesa la información y emite una respuesta de manera deliberada (beber agua para combatir el calor). Éste mismo sistema es el que se activa cuando nuestros hijos están jugando a su videojuego favorito, lo que ocurre es que su cerebro crea un automatismo (asocia jugar al videojuego con sentir placer) anulando la capacidad de la corteza prefrontal para realizar un control voluntario de la conducta.

Por todo ello, la adolescencia es una etapa especialmente sensible tanto biológica como psicológicamente, por lo que es necesario asegurarnos que existe un buen ajuste físico, cognitivo, social, afectivo y funcional durante este periodo.

ÁREAS DE INTERVENCIÓN EN NEUROPSICOLOGÍA

La neuropsicología infantil, estudia la conducta del niño a través de su cerebro. Conocer el grado de maduración cerebral y el funcionamiento del sistema nervioso, tanto en niños sanos, como en niños que presentan disfunciones o daño cerebral es fundamental para realizar una intervención neuropsicológica adecuada y eficaz. La neuropsicología tiene como objetivo evaluar, prevenir, potenciar los procesos mentales normales, y compensar  dentro del ámbito educativo las causas presentes en trastornos del tipo TDA-TDAH, Trastorno específico del lenguaje, Dislexia, Trastorno generalizado del desarrollo, retraso neuromotor, permitiendo una intervención más concreta y más efectiva.

Los trastornos y disfunciones más frecuentes que nos encontramos en neuropsicología infantil son:

  1. Trastornos de los procesos cognitivos: atención, memoria, razonamiento y funciones ejecutivas, (memoria operativa, planificación, inhibición, flexibilidad, toma de decisiones).
  2. Dificultades neuropsicológicas del aprendizaje: dislexia, trastornos de la escritura (digrafía, disortografía), discalcúlia  y orientación espacial, concepto izquierda/derecha, esquema corporal, dificultades de organización perceptiva.
  3. Trastornos del lenguaje que afectan a la comprensión, expresión y articulación del mismo.
  4. Trastornos psicomotores: presencia de tono muscular alterado (hipo/híper), dispraxia del desarrollo, trastornos de la motricidad fina y gruesa, dificultades en el equilibrio y coordinación corporal, dificultades en la planificación motora. 
  5. Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad TDA-H.
  6. Síndromes neuropsicológicos producidos por patología cerebral tales como; Accidente cerebro vascular (ACV), traumatismo craneoencefálico (TCE), tumores, infecciones del sistema nervioso, enfermedades metabólicas, enfermedades neurodegenerativas, epilepsia o enfermedades desmielinizantes.
  7. Trastornos emocionales y de conducta asociados a disfunciones neuropsicológicas.
  8. Síndromes  clínicos causados por  cromosopatías o endocrinopatías. 
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¿Cuándo acudir a consulta?  Factores de riesgo observables en niños

  1. Alteraciones durante el embarazo, (emocionales, infecciosas, etc.).
  2. Parto prematuro, traumático o con sufrimiento fetal y/o alteraciones perinatales.
  3. Bajo peso al nacer .
  4. APGAR bajo .
  5. Retraso madurativo.
  6. Lateralidad no definida, inmadura o cruzada.
  7. Retraso en la comprensión y estructuración del lenguaje. Deficiente conciencia fonológica.
  8. Existencia  de antecedentes familiares de trastornos relacionados con disfunciones tales como: dislexia, trastornos del lenguaje, trastorno por déficit de atención, etc.
  9. Alteraciones en capacidades cognitivas y FFEE:  velocidad de procesamiento, atención, memoria, inhibición , flexibilidad, planificación, branching y toma de decisiones.
  10. Razonamiento matemático y habilidades de cálculo.
  11. Dificultades en la adquisición de los aprendizajes.
  12. Rendimiento irregular en las distintas áreas del currículum escolar.
  13. Frecuentes problemas emocionales y de conducta.

Perfil neuropsicológico en TDA-H

Los lóbulos frontales, en concreto la porción anterior (cortex prefrontal), está estrechamente relacionado con la capacidad del cerebro para autorregularse y responder correctamente ante situaciones novedosas. Nos permite adaptarnos a las demandas de nuestro entorno inmediato de manera funcional. 

Los lóbulos frontales intervienen en los procesos de activación-inhibición que están en la base de la atención voluntaria y la regulación del comportamiento motor. 

El área prefrontal es la responsable del desarrollo y control de las funciones ejecutivas, del ser humano, funciones nucleares necesarias para un óptimo desarrollo mental. Entendemos por función ejecutiva, el control atencional, la inhibición, la memoria de trabajo, la monitorización, la planificación y la flexibilidad cognitiva.

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Los niños con TDA –H, presentan dificultades para inhibir respuestas (dejar de decir o hacer una determinada tarea, dejar de decir algo, permanecer en un lugar concreto, etc.). Responden con la misma intensidad ante estímulos que son relevantes como a los que no lo son, lo cual impide el autocontrol y la planificación de conductas dirigidas a metas propias del aprendizaje.

Los niños sin problemas de inhibición, tienen una conducta más regulada por la información interna que generan, son capaces de representar y ejecutar planes de acción, estrategias de organización y planificación, crear y aplicar autoinstrucciones, etc. Sin embargo en los niños con dificultades en el control y mantenimiento de la atención y por tanto en la regulación e inhibición de su propio comportamiento, aparecen una serie de características comunes que interfieren en la asimilación y consolidación de los aprendizajes. Aun teniendo una capacidad intelectual normal e incluso por encima de la media, aparecen situaciones de bajo rendimiento académico y fracaso escolar.

Los niños con TDA-H muestran un perfil neuropsicológico similar con características comunes subyacentes a la presencia de dificultades en el control de la atención focalizada, sostenida, selectiva y en los procesos ejecutivos.

Signos de alerta

  • Procesos Ejecutivos disfuncionales. Dificultades de organización y planificación en las tareas y falta de control atencional. No termina los trabajos en el colegio y los deberes en casa. Pierde el interés por las tareas que requieren esfuerzo mental.
  • Falta de atención hacia los detalles. Comete errores por perder la concentración. Se pierde en las explicaciones y en las instrucciones verbales. Dificultad para llevar a cabo órdenes múltiples de los adultos.
  • Pierde los materiales escolares y/o se olvida de lo que necesita al día siguiente, no entrega los trabajos realizados en la fecha que pide el profesor, le cuesta apuntar los deberes en la agenda, etc.
  • Dificultad para escuchar, mantener el contacto ocular cuando nos dirigimos a él o cuando él se dirige a otras personas.
  • Dificultad para inhibir o frenar los impulsos. Dice lo que piensa, sin medir las consecuencias. Deja escapar las contestaciones cuando no se le pregunta, interfiere en los juegos de otros niños.
  • Dificultad en regular el nivel de actividad. Es inquieto o se agita. Deja su asiento y corre o se mueve de manera excesiva. Parece que siempre tiene que estar haciendo algo.
  • Impaciencia. Le cuesta respetar el turno de palabra, habla por encima de la conversación, interrumpe con frecuencia. Habla demasiado y tiene dificultad para jugar tranquilo.
  • Síntomas asociados. Existe una mayor probabilidad de que estos niños experimenten, baja autoestima, baja tolerancia a la frustración, inseguridad, inestabilidad emocional, irritabilidad, sensación de fracaso y búsqueda de sensaciones.  

Perfil neuropsicológico en TEA

Los trastornos del espectro del autismo,  son patologías que afectan al desarrollo del niño de manera global incidiendo en áreas específicas pero con un patrón de afectación muy heterogéneo.   

Cuando hacemos referencia al Autismo las tres áreas problemáticas destacadas son: la capacidad de comunicación, las dificultades en las relaciones interpersonales y los intereses restringidos y estereotipias.

Los niños TEA perciben de diferente forma el mundo que les rodea y tienen dificultades en el comportamiento social y comunicativo.  Algunos de los principales síntomas del autismo están relacionados con las funciones ejecutivas, tales como  los sistemas inhibitorios y la flexibilidad cognitiva.  Por ello La Neuropsicología infantil ofrece una perspectiva de intervención en niños TEA, que tendrá en cuenta los patrones de funcionamiento cerebral característicos en estos niños así como las diferencias individuales en cada caso y de este modo poder establecer nuevas estrategias terapéuticas de intervención.

Debido a la complejidad de los trastornos del espectro del autismo y a las grandes diferencias que existen entre unos niños y otros con un diagnóstico similar, establecer un perfil neuropsicológico unitario es una tarea muy compleja, por ello siempre ha de realizarse una valoración personalizada e individual estableciendo los objetivos de trabajo de manera particular.

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Funciones ejecutivas y TEA

El TEA puede ir asociado a retraso mental, capacidad cognitiva dentro de la normalidad o incluso presentar niveles de rendimiento intelectual por encima de la media. El nivel cognitivo de cada individuo es un factor clave para conseguir minimizar en gran medida los déficits que presentan los niños con este tipo de trastornos.

Dentro de las funciones cognitivas o mentales superiores, encontramos las funciones ejecutivas que se definen como la capacidad que tenemos las personas para organizar nuestras interacciones, elaborar planes y estrategias de acción, formular metas, planificar objetivos y ser flexibles para adaptarnos a situaciones novedosas. 

Los niños TEA  sin retraso cognitivo o mental, presentan dificultades en los procesos ejecutivos sobre todo en el control de la atención consciente y en la toma de decisiones. En términos generales estos niños presentan también las siguientes características neuropsicológicas:

  • Dificultades en la atención selectiva, para discriminar entre los estímulos relevantes de los distractores.
  • Dificultades en el razonamiento e inteligencia fluida. Esto les dificulta hacer planes, anticipar respuestas, medir las consecuencias de su conducta o dirigir su conducta hacia una meta.
  • Falta de flexibilidad cognitiva para ser capaces de adaptarse a situaciones nuevas, cambios de actividad o juego, personas desconocidas.
  • Capacidad de inhibición deficitaria. Dificultades para emitir una respuesta congruente con la demanda del contexto o no emitirla si no es adecuada en esa situación.
  • Dificultades en el funcionamiento de la memoria de trabajo. Integrar información nueva para consolidar y crear nuevos aprendizajes.
  • Autorregulación conductual y emocional. Dificultad en el reconocimiento y la expresión de los estados de ánimo, reacciones explosivas o desproporcionadas ante la frustración.