Logopedia

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El lenguaje no sólo nos ayuda a comunicarnos sino que también estructura el pensamiento. Potenciar, estimular, favorecer el lenguaje comprensivo y expresivo, oral y escrito mejorará directamente el aprendizaje escolar y el desarrollo personal del niño.

Si bien es necesario respetar el desarrollo madurativo de cada niño, se puede determinar desde los tres años si el niño presenta retraso en el área del lenguaje asociado o no a algún otro trastorno. En ocasiones, modificar algunos hábitos de relación entre padres/cuidadores y el niño pueden resolver situaciones como que el niño no hable. En otras ocasiones, será necesario valorar la necesidad de derivar a médicos especialistas como el otorrino para poder establecer si el niño presenta una buena audición. En determinados casos es necesaria la intervención del logopeda para estimular la comprensión y la expresión del lenguaje comprensivo y expresivo.

En la actualidad se detectan antes las dificultades del lenguaje a través de los pediatras y de los profesores de infantil y suelen ser estos profesionales los que derivan el niño al logopeda. Los síntomas más llamativos por los que suelen traer a los niños a consulta son porque presentan "lengua de trapo", niños que "no entienden" cuando se les pide que hagan algo, niños que responden de forma incoherente a preguntas fuera del contexto, niños que no consiguen "hacerse entender", niños que "no comprenden" cuando explica el profesor, niños que les cuesta aprender a leer, o que "no entienden" lo que leen, niños monotemáticos con un lenguaje pedante y estereotipado, niños que no comprenden las bromas de sus compañeros y se muestran siempre a la defensiva, etc.

El lenguaje es la herramienta del ser humano más importante para poder desenvolverse adecuadamente día a día, en casa, en el colegio, con amigos, cualquier dificultad en el área verbal produce en el niña estrés e irritabilidad que se puede traducir en una conducta desafiante, negativista, hiperactiva, con falta de motivación, de aislamiento, etc.

Es por ello que a la hora de intervenir priorizamos objetivos que mejoren el nivel emocional del niño dotándolo tanto a él como a la familia de estrategias claras y precisas para después solucionar en profundidad los síntomas clínicos.